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VOLUNTARIADO ATRESMEDIA

TRES A CAMBOYA, el blog
La antigua colonia española se sitúa como destino turístico emergente

Callejeando por Filipinas

Su nombre me sale cada vez más al paso en revistas de viajes y en tertulias viajeras. Filipinas está de moda. Esas 7000 islas del sureste asiático donde durante 350 años se habló español, comienzan a ser un destino imprescindible en el cuaderno del trotamundos. Un dato lo confirma: Lonely Planet acaba de editar por primera vez en español la guía de Filipinas, signo inequívoco de una demanda de información. Ya he escrito sobre ese país un par de veces en este blog. Este post no habla de playas maravillosas o de lugares espectaculares. Esta vez quiero hablar de vivencias, de algunas escenas que me salieron al paso callejeando por Filipinas.

Un Un "jeepney" por las calles de Manila | Foto: Marino Holgado

Marino Holgado  |  Manila (Filipinas)  | Actualizado el 24/02/2016 a las 10:19 horas

La necesidad es un poderoso aliado de la imaginación. En Filipinas, los medios de transporte más populares son un prodigio de la artesanía mecánica. El más popular, el jeepney, nació tras la Segunda Guerra Mundial aprovechando los jeeps norteamericanos que quedaron en el país; los alargaron, los tunearon con brillantes cromados, con figuras de santos o de cómics y les pusieron nombre. No hay dos iguales.

También han metamorfoseado con habilidad las motos para hacer de las dos ruedas un transporte colectivo. Tagbilarán es la localidad más importante de la isla de Bohol. A su puerto llegan los ferrys que comunican esta isla con la de Cebú, por lo que es lugar de tránsito para cualquier viajero que llegue o salga de la isla.

Triciclos, el "rickshaw" filipinos, en Tagbilarán, en la isla de Bohol. Foto: Marino HolgadoTriciclos, el "rickshaw" filipinos, en Tagbilarán, en la isla de Bohol | Foto: Marino Holgado

Y aquí, en un cruce de calles, me rodea un frenético tránsito de triciclos: motos con un sidecar acoplado y cubierto todo el "vehículo" con un techo. Son los rickshaw filipinos. Cada uno de un color y con una capacidad máxima de dos pasajeros necesariamente bien avenidos (por la escasez de espacio), son como hormigas ruidosas que zigzaguean entre el tráfico y te llevan a tu destino por unos pocos pesos.

Quema de velas buscando la buena fortuna en Ciudad de Cebú, Filipinas. Foto: Marino HolgadoQuema de velas buscando la buena fortuna en Ciudad de Cebú, Filipinas | Foto: Marino Holgado

Ciudad de Cebú, capital de la isla de Cebú. En la Basílica Minore del Santo Niño centenares de personas muestran su veneración a la imagen más querida en este país profundamente católico. Me pierdo por sus calles cercanas. En una esquina de un anodino cruce de calles contemplo cómo un niño, acompañado de su madre, coloca velas de colores sobre un rudimentario bidón cortado por la mitad y con brasas calientes. Queman las velas como una forma de llamar a la suerte, de buscar una ayuda para un examen, para una enfermedad o para quién sabe qué. Porque los filipinos son tan católicos como supersticiosos. Y para alejar el mal fario sirve cualquier esquina.

Continúo en Ciudad de Cebú. Diez jóvenes corren por una cancha en plena calle. En el espacio que queda entre una capilla y un cuartel de bomberos dos canastas centran la atención de medio centenar de chicos. El baloncesto es el deporte nacional de Filipinas (con permiso del boxeo) y es habitual encontrar por la calle canchas para jugar unas canastas. Rara vez están vacías.
Pero hay otra pasión para los filipinos que a nosotros nos cuesta más compartir.

Jugando al baloncesto en las calles de Cebú, Filipinas. Foto: Marino HolgadoJugando al baloncesto en las calles de Cebú, Filipinas | Foto: Marino Holgado

Siargao es una pequeña isla al norte de Mindanao. Nada más salir de su pequeño aeropuerto (poco más que una pista y un pequeño edificio) me encuentro a cuatro hombres entrenando a un par de gallos de pelea. Varias veces por semana la gallera de cada localidad se llena del ruido de las apuestas y de silencio cuando los gallos, con cuchillas en sus espolones, se la juegan a vida o muerte. Las peleas de gallos son, casi, otra religión para muchos filipinos.

Manila. Tras cruzar la puerta del Museo Nacional no hay que buscar mucho para toparse con la obra más reconocida de la pintura filipina. En la primera estancia del museo me doy de bruces con el Spoliarium, un espectacular óleo de siete metros de ancho y cuatro de alto. Un grupo de escolares sentadas en el suelo, con su uniforme blanco y azul impoluto, atiende las explicaciones de su profesora ante los cuerpos inertes de los gladiadores romanos arrastrados hacia la oscuridad del fondo del cuadro.

Grupo escolar ante el "Spoliarium", en el Museo Nacional de Manila. Foto: Marino HolgadoGrupo escolar ante el "Spoliarium", en el Museo Nacional de Manila | Foto: Marino Holgado

Aunque muchos interpretan que su autor, el filipino Juan Luna, en pleno periodo de lucha por la independencia en el siglo XIX, utilizó esa simbología para denunciar el trato de los españoles hacia los filipinos. Pero, además de en los museos, el arte se puede ver en otros sitios.

Ayala Avenue es una de las calles principales del distrito de Makati. Es el Manila moderno, de grandes rascacielos, de oficinas, bancos y de un intenso tráfico. Una ancha avenida que cruzo por un paso subterráneo. Y allí estoy, como en un espejo, fotografiando a un fotógrafo pintado en el techo. Es parte de un enorme graffiti que decora toda la cubierta del pasadizo con varias pinturas de estilos y artistas diferentes. El arte en la calle. Y también en la naturaleza.

Graffiti en un paso subterráneo de Manila. Foto: Marino HolgadoGraffiti en un paso subterráneo de Manila | Foto: Marino Holgado

Bahía de Manila. Al caer la tarde la cita es frente al mar. Roxas Boulevard es un buen lugar para ver el espectacular atardecer de Manila. La alta humedad y el calor son, en gran parte, los pinceles que trazan la inmensa acuarela que la naturaleza despliega ante nuestros ojos. El cielo se tiñe de rosas, naranjas, amarillos y azules. Centenares de personas llenan el malecón de la capital filipina para contemplar una obra de arte fugaz, pero que vuelve cada día. Un buen lugar para despedir el día y comenzar la noche. 

El animado malecón de la bahía de Manila al atardecer. Foto: Marino HolgadoEl animado malecón de la bahía de Manila al atardecer | Foto: Marino Holgado

DATOS PRÁCTICOS PARA EL VIAJE: No hay vuelos directos entre España y nuestra antigua colonia en el sureste asiático. Singapore Airlines vuela tres veces por semana de Barcelona a Singapur, desde donde se puede volar a Manila o a Cebú con su filial regional, Silk Air. Muy pronto Cathay Pacific comenzará a operar vuelos directos de Madrid a Hong Kong, desde donde se puede enlazar con Manila y Cebú.

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Marino Holgado

Marino Holgado (Eibar, 1965) es reportero de televisión y viajero. Periodista del Área de Nacional de los Informativos de Antena 3 Televisión desde 2000, especializado en Interior, Tribunales, Sucesos o Inmigración, entre otros temas. Lleva 29 años ejerciendo la profesión en periódicos, radio y televisión. En 1995 se incorpora a Antena 3 Televisión, donde trabajó en programas como "Se Busca", "A Toda Página", "Espejo Público". En el año 2000 se incorporó a los informativos diarios. En este blog viajero quiere ofrecer propuestas de lugares de todo el mundo que ha podido disfrutar, así como recoger noticias y escuchar propuestas de otros viajeros.

Correo-e: mholgado@antena3tv.es.

Twitter: @marinoholgado

 

 

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