Desde Norman Foster a cualquier artista callejero anónimo. Pasear por Berlín permite toparse con el arte dejado en sus calles por artistas de todas las épocas, de todos los estilos. Más allá de la cita obligada e imprescindible con la isla de los museos, el metro de Berlín nos permite acercarnos a las más variadas expresiones del arte. Esta es sólo una pequeña muestra.
Parada de metro de Bundestag. Al salir de la estación nos encontramos directamente en los verdes jardines de la Plaza de la República y, ante nosotros, el edificio del Reichstag, el símbolo de la nueva Alemania surgida tras la reunificación de 1989. Difícil visitar Berlín y no subir a la cúpula del Reichstag, una auténtica obra de arte de acero y cristal salida de la imaginación del arquitecto Norman Foster.
Tras haber realizado previamente la imprescindible reserva gratuita en la web del Parlamento alemán, se accede a la cúpula en el turno que hayas elegido. Subir por las rampas del interior de la cúpula permite observar el ingenioso mecanismo ideado por Foster para dar luz natural a la sala de plenos del Bundestag con un sistema de espejos sin deslumbrar a los parlamentarios gracias a una gran vela metálica que gira siguiendo la dirección de los rayos de sol. Pero además, la cúpula es uno de los mejores observatorios de la ciudad, sólo superado por la Torre de la Televisión.
Edificio del Parlamento federal en el barrio gubernamental de Berlín | Foto: Marino HolgadoDesde aquí podremos caminar hasta el llamado Distrito Gubernamental en los márgenes de un meandro del río Spree, donde contemplar edificios como el que acoge la sede de la Cancillería Federal, los edificios de oficinas del Parlamento, la Casa de la Cultura Mundial... Diseño futurista para una ciudad que se ha convertido en la práctica en la capital europea del siglo XXI. Este recorrido se puede hacer paseando o en algunos de los barcos que realizan trayectos turísticos por el río.
Parada de cercanías de Berlín Ostkreuz. Nos vamos del centro al este de la ciudad, al distrito de Friedrichshain, en el antiguo Berlín oriental. Nada que ver con nuestra anterior parada: aquí no hay monumentos ni lugares de interés turístico, sólo edificios residenciales, casas obreras de la antigua Alemania del Este.
Grafitis callejeros en el barrio de Ostkreuz | Foto: Marino HolgadoEstamos más o menos cerca de la East Side Gallery, el trozo más grande y visitado del Muro de Berlín, en una zona donde se concentran las propuestas alternativas de vida y de arte. Buscamos grafitis callejeros, lo que algunos han llamado el funkytown. Los encontramos en dos calles: Böcklinstrasse y Wühlischstrasse. Aquí el aerosol ha llenado de coloridos dibujos el hormigón de un pequeño parque, la fachada de algunos edificios o el muro medianero de algún bloque de viviendas.
Arquitectura moderna en Potsdamer Platz | Foto: Marino HolgadoParada de metro y de cercanías de Potsdamer Platz. Arquitectos como Renzo Piano, Arata Isozaki o Helmut Jahn han dejado su huella en la remodelada Postdamer Platz. Desolada zona fronteriza en los años de la división como mostró Win Wenders en "Cielo sobre Berlín" (1987), ahora el acero y el cristal de sus modernos edificios son el paisaje de este nuevo barrio financiero elegido por varias multinacionales para mostrar su poder.
La cúpula del Sony Center, del arquitecto Helmut Jahn | Foto: Marino HolgadoAquí se viene a mirar hacia arriba, a los grandes edificios, el DebisHaus, el DaimlerChrysler Quartier, el Beisheim Center o el espectacular Sony Center. Este último es el polo de atracción nocturno gracias a sus cines y restaurantes en torno a una plaza cubierta por una inmensa carpa que parece las aspas de un enorme molino de viento. Si el bullicio de este futurista ágora es excesivo, el viajero puede encontrar tranquilos y elegantes restaurantes en la calle aledaña, Postdamer Strasse.
El Memorial del Holocausto los componen 2711 bloques de cemento | Foto: Marino HolgadoParada de cercanías y de metro de Puerta de Brandeburgo. A un paso de la Puerta de Brandeburgo, bajando por Ebbertstrasse, llegamos al Memorial del Holocausto, un laberinto de 2.711 bloques de cemento, a modo de sarcófagos, en memoria del genocidio judío por parte de los nazis.
Barrio de Nikolaiviertel | Foto: M. HolgadoPasear sin rumbo entre los bloques anónimos sobre el suelo ondulado o subirse a ellos (está prohibido) para ver la inmensidad de sus 19.000 metros cuadrados proporcionará a cada viajero diferentes sensaciones: la angustia, el desconcierto, la indefensión ante el acoso del gris de los bloques, el orden impuesto sin humanidad... El centro de información situado bajo él narra la persecución en los años del Tercer Reich.
Parada de metro de Klosterstrasse. Y terminamos nuestro recorrido allí donde nació Berlín, en Nikolaiviertel, el barrio en torno a la iglesia de San Nicolás. Aquí surgió la ciudad hace 775 años y aquí lo recuerda estos días. Poco queda del barrio original, destruido por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial. Es posible que lo único auténtico sea la base en piedra de la fachada de la iglesia de Nikolaikirche, fácil de encontrar gracias a sus dos grandes torres góticas.
Las casas del barrio que intentan dar idea del origen medieval de la ciudad realmente se levantaron aquí durante los años de la República Democrática de Alemania para celebrar, precisamente, los 750 años de la ciudad en 1987. Algunos son edificios originales trasladados aquí, otros son simplemente réplicas. Pero es un curioso lugar para acabar la jornada, cenando en alguno de sus muchos restaurantes o en una de sus terrazas si el cielo de Berlín lo permite.
Interior de la cúpula del Reichstag con los espejos que dan luz al salón de plenos