Nuestro barco sale de Bai Chai, en el norte de Vietnam. Es un lugar habitual de vacaciones para los altos cargos del país y lo fue, en su momento, para funcionarios soviéticos premiados con unas exóticas vacaciones. Tras una hora de navegación tenemos ante nosotros lo que aparenta ser una cordillera que cierra nuestro camino. Pero al acercarse comienzan a aparecer docenas de canales a nuestra proa. Lo que parecían pequeñas montañas no son sino un conjunto infinito de islas, más de 1600 en la superficie que delimita el área protegida. Dos mil más si contamos las que hay hacia el norte, camino de China. Esto es la bahía de Ha Long, la perla de Vietnam, una de las siete maravillas naturales del mundo.
Uno de los barcos turísticos que recorre Ha Long | Foto: Marino HolgadoEn el barco viajamos una veintena de extranjeros. Pasaremos día y medio a bordo y dormiremos en la embarcación. Todos hemos contratado el pasaje en alguno de los cafés de Hanoi, la capital de Vietnam, que ofrecen a los viajeros todo lo que necesiten: pasajes de tren o autobús, hoteles, excursiones... Es una de las formas de visitar la bahía de Ha Long. Otra es llegar hasta aquí y contratar directamente el barco en el puerto. Y otra, por supuesto, recorrerlo en un viaje organizado.
Ha Long es una inmensa bahía salpicada que islas e islotes kársticos, muchos de ellos recubiertos de una densa vegetación. Son más altos que anchos, pináculos similares a los que pueden verse también en Guilin, en China, o en Phang Nga, en el sur de Tailandia. Un enorme laberinto de piedra y mar con algunas de las postales más bellas del sureste asiático.
Dicen por aquí que este paisaje nació cuando un dragón bajó hacia el océano y con los golpes de su cola fracturó el terreno, creando valles que enseguida fueron inundados por el mar. De ahí el nombre de Ha Long, el lugar de descenso del dragón. Los geólogos, por supuesto, lo explican de otra forma. Ha Long era una antigua meseta surcada por ríos que fueron erosionando las masas calcáreas creando un paisaje de pequeñas montañas rodeadas no por valles, sino por el mar.
Los islotes no sólo están erosionados por fuera. Muchos de ellos contienen cuevas, algunas espectaculares, por las que es posible pasear. Los pescadores de la zona las usan incluso para vivir algunas temporadas y también han sido utilizadas, históricamente, como bastión defensivo frente a intentos de invasión.
Muchas islas de Ha Long albergan en su interior espectaculares cuevas | Foto: Marino HolgadoConviene visitar una cueva que obligue a subir hacia lo alto de algún islote o aprovechar alguna isla, como la de la Playa de la Pagoda, que permita caminar hasta su cumbre para intentar ver la bahía, o al menos una parte de ella, a vista de pájaro. Sólo desde lo alto se aprecia la inabarcable belleza del lugar, el inmenso mar de la China salpicado por este laberinto verde y pétreo. Si el bolsillo te lo permite, un vuelo en helicóptero te dejará una imagen difícil de olvidar.
Ha Long no es sólo paisajes, también es gentes. Personas de sonrisa perenne, orgullosas de su país y de su historia, pero amables incluso con quienes antaño fueron su peor pesadilla. Cuando llegué a Ciudad Ho Chi Minh, la antigua Saigón, me sorprendió ver un taxista que llevaba en su reposacabezas una almohadilla con la bandera de Estados Unidos. No hay rencor aquí, al menos entre los más jóvenes, hacia el país contra el que guerrearon y a quien derrotaron en 1975.
Vietnam te recibe siempre con una sonrisa | Foto: Marino HolgadoEn Ha Long viven muchos pescadores. Lo hacen en los propios barcos desde los que trabajan o en casas flotantes al resguardo de algunos de los islotes. Hay quien no pisa tierra firme en muchos días. También residen aquí quienes viven de atender al turista. Gran parte de los barcos en los que los visitantes podemos recorrer la bahía llevan la familia incorporada permitiendo divertidos momentos de convivencia.
Casas flotantes de pescadores en Ha Long | Foto: Marino HolgadoNuestro barco es bastante básico. Los camarotes, en lo más profundo de la embarcación, no disponen de aire acondicionado y eso, en pleno verano, se nota. El calor es asfixiante. Por eso, todos acabamos durmiendo en cubierta, bajo el techo estrellado del mar de la China. Aquí sí, la brisa nocturna permite conciliar el sueño. Pero no es necesario ser tan espartano en la elección. Hay barcos para todos los bolsillos y algunas opciones son un auténtico lujo.
Es recomendable pasar la noche en un barco. Eso permite que la travesía sea más larga, poder disfrutar del atardecer y el amanecer y llegar a más lugares. Aunque, como casi siempre pasa en este tipo de experiencias, salvo que el barco sea tuyo o alquilado exclusivamente por ti dejando claro que tú marcas el trayecto, es fácil que tu embarcación coincida con otras en el mismo recorrido, en las mismas islas o en el mismo lugar donde pasar la noche.
Si no dispones de tanto tiempo y sólo puedes hacer un paseo diurno, asegúrate que garantizan un mínimo de seis horas de travesía. Ten en cuenta que sólo llegar a los primeros islotes ya supone una hora de recorrido.
Algunos aún creen ver un dragón en las aguas de Ha Long | Foto: Marino HolgadoEn 1994 la UNESCO ya reconoció a la bahía de Ha Long por sus valores naturales. Y seis años después lo hizo por sus peculiaridades geológicas. Ahora, junto con la Amazonía, son probablemente los dos únicos lugares de estas Siete Maravillas Naturales del Mundo que nadie cuestionará que estén ahí. Aunque sólo sea por no enfadar al tarasque, al dragón que tanto empeño puso en su día para que su obra mereciera recorrer medio mundo sólo para verla.
Islas y casas flotantes en la bahía de Ha Long, en Vietnam