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El Atomium de Bruselas, un símbolo al que su éxito salvó de una rápida desaparición

Debía haber existido sólo durante seis meses y ya supera el medio siglo de vida. Es uno de esos edificios con magia que pasa de ser una construcción efímera a convertirse en símbolo de una ciudad y de un país (si es que existe el país). El Atomium de Bruselas se concibió como emblema de la Expo de 1958, pero nadie se atrevió después a echarlo abajo. Como si de una falla ganadora que se salva de la cremá se tratase, la original construcción sobrevivió al evento que simbolizaba y es hoy en día una de las principales atracciones de la capital belga. Al menos, si tomamos como baremo las pacientes colas que hay que hacer para subir sus 102 metros.

El Atomium, símbolo de Bruselas desde 1958 El Atomium, símbolo de Bruselas desde 1958 | Foto: Marino Holgado

Marino Holgado  |  Madrid  | Actualizado el 24/08/2011 a las 13:53 horas

El Atomium puede verse desde muchos lugares elevados de Bruselas. Como contrapunto futurista a las callejuelas medievales de la Ciudad Baja, sus nueve esferas de aluminio ejercen de faro, al norte de la ciudad, recordándote que no puedes irte de Bélgica sin visitarlo. La línea 6 del metro me lleva hasta la zona en un interesante recorrido por algunos de los barrios más multiétnicos de una ciudad en la que gran parte de sus habitantes han llegado de otros países: inmigrantes de lujo (los que vienen a trabajar en las instituciones europeas) e inmigrantes de la pobreza (lo que suben y bajan del vagón de metro en cada parada en mi camino hacia el Atomium).


Mi parada es Heysel. No puedo evitar que el nombre retumbe en mi cabeza. Al salir del metro veo el estadio de fútbol y la memoria me recuerda lo sucedido en aquella maldita final de 1985. Pero no estoy aquí para eso y encamino mis pasos hacia la espectacular silueta de acero y aluminio con el que todos relacionan la ciudad de Bruselas. Enseguida me doy cuenta que quizá el domingo no es el mejor día para visitarlo. Aunque la venta de entradas es rápida, la cola de acceso al ascensor que lleva hasta la esfera más alta es considerable y da tiempo para leer algo sobre el origen del edificio.


1958. Bélgica organiza la primera Exposición Universal posterior a la Segunda Guerra Mundial. Son años de avances científicos, de fascinación por una incipiente carrera espacial y de curiosidad ante el poder de una nueva energía, la atómica. Por eso, el arquitecto André Waterkeyn diseña el edificio emblema de la Expo atendiendo a los avances científicos: será un átomo de cristal de hierro ampliado 165 mil millones de veces. La estructura es una original superposición de nueve esferas, de 18 metros de diámetro, unidas por ejes tubulares de unos tres metros de ancho con escaleras en su interior.


Cinco esferas están abiertas al público. A algunas se puede acceder por las escaleras que recorren los ejes del Atomium sin necesidad de hacer la cola del ascensor. En ellas, una exposición permanente recuerda, precisamente, la Exposición Universal de 1958. Entre una estética futurista (para la época) y pop, nos muestra algunos de los iconos más modernos de aquellos años. Y no evita aspectos polémicos de aquella Expo, como el vergonzante trato dado a su principal colonia africana, el Congo, en unos años en que ya comenzaba a hablarse de independencia. Bélgica no será recordada nunca por su exquisitez colonial y algunos incidentes en aquella Expo reflejan la tensión que se vivía.


Superada la cola, el ascensor del Atomium sube a sus visitantes a cinco metros por segundo hasta la esfera más alta, la que ofrece un mirador y un restaurante. 102 metros de altura permiten tener unas amplias vistas de la llanura de Bruselas y unas interesantes perspectivas del propio monumento. Tras regresar a la calle, un olor me recuerda que seguimos en Bélgica. Un intenso aroma a chocolate llega desde un puesto ambulante instalado en una furgoneta. Una vez más, un gofre se convierte en un tentación a la que resulta imposible resistirse.

 

Me alejo caminando del Atomium. Si lo visitas uno de esos días en los que el sol ilumina Bruselas, el resplandor de su brillante aluminio irá quedando atrás. La Exposición Universal dejó para la ciudad el Atomium igual que la de París de 1889 dejó la Torre Eiffel o la de Barcelona de 1929, el Palacio Nacional o la Plaza de España. Diseños acertados que sobrevivieron a la época que les tocó vivir.


DATOS PRÁCTICOS. Iberia  y Brussels Airlines conectan de manera directa España con la capital belga. También la low cost Ryanair, aunque opera desde el aeropuerto de Charleroi-Bruxelles-Sud, a 46 kilómetros de la capital belga. En puentes, fines de semana y vacaciones los grandes hoteles de Bruselas que alojan habitualmente a ejecutivos y políticos ofrecen interesantes ofertas. La entrada al Atomium cuesta 11 euros, y dos más si quieres utilizar la audioguía. Abre todos los días del año de 10 a 18 horas, aunque conviene no apurar en el horario por las colas. La parada de metro más cercana es la de Heysel, en la línea 6.

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Marino Holgado

Marino Holgado (Eibar, 1965) es reportero de televisión y viajero. Periodista del Área de Sociedad y Cultura de los Informativos de Antena 3 Televisión desde 2000, especializado en sucesos, tribunales o inmigración, entre otros temas. Lleva 26 años ejerciendo la profesión en periódicos, radio y televisión. En 1995 se incorpora a Antena 3 Televisión, donde trabajó en programas como "Se Busca", "A Toda Página", "Espejo Público". En el año 2000 se incorporó a los informativos diarios. En este blog viajero quiere ofrecer propuestas de lugares de todo el mundo que ha podido disfrutar, así como recoger noticias y escuchar propuestas de otros viajeros.

Correo-e: mholgado@antena3tv.es.

Twitter: @marinoholgado

 

 

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