¿Ya le echas de menos?
Stanley Fish (nuestros abuelos le habrían llamado Estanislao Pescado ) es un profesor de Derecho y de Literatura norteamericano, especialista en John Milton, que ejerce de columnista en el New York Times y al que ya hemos citado alguna vez en este programa. Tiene la habilidad el señor Fish, con setenta y dos años recién cumplidos, de abordar asuntos tan diversos como la reforma educativa pendiente en Norteamérica, las series de televisión de los sesenta, o las razones por las que Barack Obama ha sufrido un desgaste tan pronunciado en su primer año de mandato. Sus columnas del Times acostumbran a tener enfoques provocadores que abren interesantes debates entre sus lectores. La de hoy se titula: “¿Ya le añoras?” o “¿Ya le echas de menos?” Dices: ¿a quién? Ah, el articulo viene ilustrado con una foto de un señor de pelo gris, trajeado, que sonríe a la cámara y saluda, simpático, con la mano. Se llama Bush, y hasta hace poco más de un año era presidente de los Estados Unidos. El peor presidente que ha tenido América en el último siglo, a decir de las encuestas. “¿Ya le añoras?” El articulista, Stanley Fish, sigue así un juego, una apuesta, que él mismo inició con los lectores cuando a Bush aun le quedaban tres meses en la Casa Blanca. Escribió entonces una profecía: cuando este hombre lleve un año fuera del cargo, empezará a ser visto con afecto y con nostalgia. Recibió más de trescientos mensajes de sus lectores, y todos le decían lo mismo: “¿Está usted de coña, Stanley?”, “lo dirá de broma”, “su profecía es ridícula”, “la Historia nunca perdonará a este tipo”, cosas así.
Presos y presos
Ha empezado el reparto. El primero llegó anoche, sin que el gobierno informara previamente del asunto, y los próximos irán llegando en los próximas semanas. Presos de Guantánamo en España. El favor que le hacemos a Barack Obama para que pueda clausurar ese centro de detención que ha funcionado como fosa séptica de la guerra de Afganistán, un campo de prisioneros capturados, o secuestrados, por la CIA en distintos países del mundo violando la legislación de esos países y a espaldas de la ley que, para los detenidos, rige en los Estados Unidos. El primer preso, que ya no lo es, está en España. Aunque el gobierno se niega a ofrecer información sobre su identidad alegando que la privacidad es obligada para que este hombre pueda rehacer su vida, se sabe se llama Walid Hijazi, veintinueve años, nacido en Gaza y emigrado luego a Afganistán. La versión norteamericana dice que fue reclutado por Al Qaeda y entrenado en los campos de adiestramiento que conserva la banda. Iba para terrorista, según esta versión, pero no llegó a entrar en acción porque se hirió en una pierna cuando le explotó una granada. Trasladado por los suyos a un hospital de Pakistán, fue entregado por la inteligencia de este país a los americanos. La versión de su abogado es distinta: Walid era un joven de Gaza que quería ver mundo y se fue a Pakistán a vivir su aventura. Pero nunca se entrenó con Al Qaeda ni aspiraba a convertirse en terrorista.
¿Alguien nota que haya cambiado algo?
Qué fue de. Qué pasó con. En qué quedó aquel hito de nuestra historia política, esa circunstancia crucial, trascendental, que iba a marcar, a protagonizar los primeros seis meses de este año en España. Qué ha sido de la presidencia de turno de la Unión Europea, donde está que ya no hay forma de encontrar una sola referencia a ella en las páginas de los periódicos. Hasta Andreíta ocupa más líneas en los diarios que la publicitada presidencia rotatoria que, a juzgar por las campanas con que fue saludada por nuestro gobierno, iba a marcar un antes y un después en la legislatura presente y en la historia de la construcción europea. Qué ha pasado que ya nadie le hace caso. Ya ni el gobierno habla de este asunto.
Una plegaria para agradar
Les voy a decir una cosa.
“La tierra pertenece al viento”. No, hoy no emuló el presidente Zapatero al indio ecologista. Tampoco escogió para su homilía laica de Washington el Libro de las Lamentaciones, aunque pudiera haberlo hecho porque le viene al pelo ese pasaje que dice: “Amargamente llora en la noche. Sus lágrimas están en sus mejillas. Sus amigos se vuelven enemigos. Sus perseguidores le alcanzan y no halla descanso”. Puesto a escoger un pasaje de la Biblia, y en vista de cómo tiene, en España, el patio, igual lo más gráfico hubiera sido echar mano del Apocalipsis. “El sol se puso negro como tela de cilicio; la luna entera se puso como sangre y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como una higuera arroja sus higos tardíos cuando es sacudida por un fuerte viento”. Cuenta el Apocalipsis que la Moncloa se llenó de humo, perdón, que el templo se llenó de humo y nadie podía entrar hasta que fueran consumadas las siete plagas. Opciones tenía el presidente si buscaba un fragmento de las Sagradas Escrituras que reflejara el estado de ánimo político que estos días padece. Pero se decantó por el Deuteronomio, el libro de la Ley que Moisés recibió de Dios y transmitió a su pueblo para que éste cumpliera los mandamientos.
... ver entrada completa¿En tu casa o en la mía?
Qué son las témporas. Y por qué no conviene confundirlas con la parte en que la espalda pierde su casto nombre, o sea, y con perdón, el culo. Las témporas son los cuatro tiempos de la liturgia católica que coinciden con el final de cada estación y el comienzo de la siguiente. Pero hay etimólogos que sostienen que “témpora” podía ser una forma de referirse a la cabeza, por el hueso temporal, por las sienes. No confundir el trasero con las témporas vendría a significar, entonces, no confundir la inteligencia de una persona con sus posaderas. Interesante, ¿no creen? Valga esa innecesaria reflexión para introducir el debate tonto del día. Que es éste que dice: qué tiene más importancia, que venga Obama a la cumbre de la Unión Europea (más bien sería que no venga) o que vaya Zapatero al desayuno de oración de este jueves en Washington. ¿Es más relevante la ausencia de Obama o la presencia de Zapatero, eh? ¿Qué es más importante, oiga, una manzana o un plátano?
Debate sobre pensiones, viejo como Pacto de Toledo
Les voy a decir una cosa
Cuando vienen mal dadas, vienen mal dadas. El gran trampolín que el presidente del Gobierno pretendía emplear para remontar en las encuestas patrias y emerger como líder de la izquierda europea era un trampolín de cartón y está mojado. La presidencia española de la Unión Europea se ha ido a negro. Ni media palabra de ella ya en los medios de comunicación, eclipsada, desdibujada, reducida a la condición de jarrón, por el debate abierto sobre la reforma de las pensiones en España. Que, en realidad, es el debate sobre la solvencia de España como nación, sobre si somos o no un país fiable, un emisor de deuda de cuya solidez tienen motivos, o no, para dudar los inversores extranjeros que nos la compran. El iceberg estaba ahí, pero sólo ahora parece haber tomado conciencia de su peligro el capitán del barco, autor de un golpe de timón que ha hecho crujir las cuadernas de la nave, que ha dejado al pasaje (y a su propia tripulación) perpleja, sacudida y mareada, y que abre la duda de si el golpe de timón se ha dado a tiempo o llevábamos ya una deriva que, por mucho cambio de rumbo que hagamos ahora, no nos libra de darnos de bruces con el iceberg ni la virgen del Carmen. Cuando vienen mal dadas vienen mal dadas, y ahora el que ya no viene es Barack Obama.
... ver entrada completaHa llegado la hora de caerse del guindo
“En esta crisis”, dijo aquel señor calvo, victoriano, fumador de puros y vestido siempre con chaleco y pajarita, “en esta crisis se me perdonará la falta de ceremonia con que he actuado. Tenemos ante nosotros una prueba de la especie más dolorosa. Tenemos ante nosotros muchos meses de sufrimiento. No puedo ofrecer otra cosa que sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Me considero con derecho, en esta coyuntura, a reclamar la ayuda de todos y decir: ‘Vamos, avancemos juntos con nuestra fuerza unida”. 12 de mayo de 1940. Winston Churchill acababa de formar gobierno de concentración nacional y pronunció en la Cámara de los Comunes su célebre discurso de la sangre, el sudor y las lágrimas para ganar la guerra. Y el esfuerzo, que era la cuarta palabra que encadenó el primer ministro y que quedó apeada, sin embargo, de los libros de Historia. El discurso de las verdades incómodas. El jefe de gobierno que, en circunstancias adversas, le dice a sus ciudadanos todo aquello que a ningún gobierno le apetece decir. En el penúltimo párrafo de aquel discurso que lo consagró como uno de los mejores oradores que ha dado la política del último siglo, Churchill, pese a todo lo que acababa de decir, se declaró optimista. No antropológico, pero sí esperanzado. Convencido, vino a decir, de que, con el esfuerzo de todos, saldremos de esta.
Toca meter tijera
Toca meter tijera. Cualquier parecido entre el discurso económico que hacía el gobierno hace un año y el que hace ahora es pura coincidencia. Hace un año todo eran cantos elogiosos al gasto público y el incremento de la deuda (planes de estímulo se llamaban) porque urgía apuntalar la economía, generar empleo público aunque fuera temporal y aumentar las prestaciones para poder cubrir a los dos millones nuevos de parados. Ahora lo que toca es retirar los estímulos, subir impuestos, recortar el déficit y contener la deuda. Volver a aquello del equilibrio presupuestario y el saneamiento de las cuentas. Es verdad que han cambiado las circunstancias, y que en el resto del mundo el proceso ha sido más o menos el mismo: los gobiernos que hace un año pedían a Bruselas que hiciera la vista gorda ante los déficit públicos disparados y la intervención de los estados en todos los sectores económicos, ahora se fijan calendarios para ir quitándole a la economía las muletas y prometen impulsar activamente la competencia. Hay dos diferencias entre la mayoría de los países europeos y el nuestro: la primera, que ellos ya han empezado a crecer de nuevo (cierto es que empezaron a caer antes) y pueden ir quitándole, con menos riesgo que nosotros, los ruedines que le pusieron a la bicicleta; la segunda, que no tienen tantas reformas pendientes como tenemos (y teníamos ya antes de entrar en recesión) nosotros.
Lo último del gurú de los gadgets
Si los chavales de ahora, que le dan a la Wii, la Play, la X Box, la Nintendo DS, vieran cómo eran nuestros videojuegos Atari se iban a partir la caja preguntándose cómo podía parecernos divertido algo tan muermo. Pero en su día fueron lo más de lo más, la primera videoconsola casera con aquel diseño escasamente aerodinámico, ¿verdad?, pero que oye, el chaval que la tenía era el rey del barrio. En Atari, que era una empresa, hizo sus primeros pinitos un señor cuyo nombre no puede decirse que sea tan conocido como el de Bill Gates, o como el de las celebridades del cine, o como el de Barack Obama, pero que usando su privilegiada cabecita semi-calva está haciendo presente los chismes que antes sólo se veían en las películas futuristas. Este señor, que se llama Steve Jobs y es, en su ámbito, una de las personas más influyentes del mundo, se dedica a imaginar aparatejos que, empleando las nuevas tecnologías, faciliten la vida a los usuarios y se la hagan más divertida. Es como el gurú de los gadgets, los dispositivos electrónicos innovadores también llamados aparatitos.
Noche en amarillo
La noche de hoy es amarilla. Porque es la noche de los Simpson. Están de cumpleaños en Springfield, veinte añitos ya de esta familia que nunca crece, y está de cumpleaños Antena 3, que cumple veinte a la vez que los Simpson y que, con tal motivo, ha preparado para esta noche sesión doble, o cuádruple, de esta serie de animación que, aunque es para adultos, fascina a los niños de todas las edades. La mitad de las bromas es imposible que las entiendan, pero se lo pasan en grande viendo a Bart chotéandose del pobre Homer. Y lo que aprenden los enanos viendo Los Simpson. Aprenden, por ejemplo, que lo que diferencia al ser humano de los animales es su habilidad para escaquearse. Bueno, menos la comadreja, que también se escaquea bastante.
Homilía laica
El reverendo Chris Sterry, vicario de Whalley, en el Reino Unido, es recordman mundial de sermón largo. Obtuvo el título hace ocho años, cuando se pasó veintiocho horas y cuarenta y cinco minutos predicando desde su púlpito. Sólo tenía permitido parar quince minutos cada ocho horas, se alimentaba de zumo de naranja y latas de Red Bull y, conforme a las reglas del Libro Guinness, no podía decir bobadas ni hacer frases sin sentido. Durante veintiocho horas y cuarenta y cinco minutos estuvo comentando las Sagradas Escrituras. Nunca le invitaron al Desayuno Nacional de Oración norteamericano, porque, en su caso, hubiera sido desayuno, almuerzo, merienda y cena. Y curiosamente es anglicano. Dices: “Curiosamente, ¿por qué?” Ah, porque los anglicanos son los que menos aguantan los sermones largos. ¿Quien lo dice? Pues un grupo de profesores de la universidad de Durham que ha publicado un estudio sobre las preferencias de los fieles por los sermones en función de la iglesia a la que pertenecen. Quién dijo que todo estaba ya estudiado, ¿no? La noticia la publica hoy el diario Times con el siguiente enfoque: en estos tiempos en que sermonear está mal visto, los cristianos aún aprecian a los buenos predicadores. ¿Y qué se entiende por buen predicador? (atento, presidente, por si le sirve para su acto de contrición, digo de oración, del día cuatro), pues depende de la confesión a la que cada uno pertenezca.
¿Quién lleva aquí la voz cantante?
Pronto ha empezado. La bronca política respecto de Haití. Bronca, muy diplomática, claro, a base de advertencias veladas y zancadillas elegantes, entre la Unión Europea y los Estados Unidos. Dices: cómo es posible, ¿Zapatero y Obama tirándose de los pelos por Haití? No exactamente, porque aunque es la Unión Europea la que ha urgido a la ONU a que aclare quien manda ahora mismo en Haití (o qué papel le corresponde a los Estados Unidos, que es la forma diplomática de decirlo), aunque es la Unión Europea la que recela del interés de Obama por liderar la reconstrucción del mísero, pero bien situado, país caribeño, la voz cantante no la ha llevado la presidencia de turno (ni le interesa hacerlo) sino la Francia de Sarkozy y la baronesa que ejerce de ministra de Exteriores de los veintisiete, Catherine Ashton.
El país desafortunado
“El país desafortunado”, lo llama hoy el Times en la crónica más leída de su edición digital. El país sin suerte, “gafado”, diríamos aquí. El país al que Dios le dio la espalda, se lee en los foros de internet. Dónde está Dios cuando la tierra tiembla segando la vida de cientos de miles de personas, es una de las preguntas que más se repite entre quienes comentan, horrorizados, la dimensión de la tragedia que se está produciendo en Haití, donde siguen muriendo decenas de personas, heridas, atrapadas, cada hora que pasa. La ayuda desde el resto del mundo está siendo enviada, el problema es cómo distribuir esa ayuda que llega cuando no hay equipos de rescate, no hay organización, no hay Estado, no hay nada. Contaba esta mañana en el programa de Herrera Vicente Romero, uno de los grandes reporteros del que puede presumir el periodismo español, que entre las señas de identidad de los haitianos no puede olvidarse el vudú, que allí no es visto como una práctica supersticiosa que consiste en hacer muñequitos para clavarles alfileres, sino como una religión animista y legal (de nuevo), desde hace seis años que cuenta con una especie de Papa que se llama Max Beauvier, doctorado en ciencias químicas en la Sorbona. Una religión que practica el ochenta y cinco por ciento de la población, aunque, a la vez, la mayoría sea y se declare católica.
Zapatero 1 Obama 0
Les voy a decir una cosa.
Zapatero, uno; Obama, cero. En lírica le ha ganado de calle nuestro presidente al norteamericano. En lírica obtusa, si quieren, porque todavía está hoy el personal dándole vueltas a lo del viento que comentamos ayer, la tierra pertenece al viento, que es el aire en movimiento. Bueno, todo el mundo sabe que es el viento el que pertenece a la Tierra, como el ser humano, hasta que encontremos otro planeta en el que asentarnos y empezar a construir adosados para reactivar el sector de la construcción. El presidente Obama, desde que aparcó la poesía para defender que un Nobel de la Paz haga la guerra, ha abrazado un nuevo estilo que consiste en decir las cosas a las claras y sin guiños para iniciados. “No he venido aquí para hablar sino para actuar”, les ha dicho esta mañana a sus colegas del resto del mundo. Que habrán pensado “qué morro”, ¿no?, como llega el último y cuando todos los demás ya han subido a la tribuna a declamar su amor por el planeta y cantar fados por lo chungo que es el cambio climático, puede aparecer él ahora como el látigo del bla, bla, bla, poniendo al resto de la tropa a los pies de los caballos. Después de este primer tirón de orejas, la segunda colleja made in Obama. “Lo que está en duda no es el cambio climático”, ha soltado, pensando, seguramente, en los escépticos, “lo que está en duda es nuestra habilidad para hacer algo al respecto”.
... ver entrada completaBuscando soluciones para el planeta
Les voy a decir una cosa.
No es Zapatero el único al que las cumbres le salen ranas. Al Gore, que es este señor alto como Urdangarín y ancho como un armario de dos puertas que fue vicepresidente de los Estados Unidos clintonianos, se ha presentado en la cumbre contra el cambio climático de Copenhague como una estrella de rock (que es lo que se dice cuando a alguien le recibe una multitud entusiasta, es decir, cuando no le reciben como a un dirigente político). No en vano el amigo Gore, “mister Ozono”, como le apodó su adversario Bush, es seguramente la persona que más ha hecho para popularizar el cambio climático. Hizo el documental aquél que se llamó “Una verdad incómoda” y, aparte de ganar un dinerito como conferenciante por medio mundo, se ganó un premio Nobel de la Paz que fue casi tan controvertido como el que ahora ha recibido Barack Obama.
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