¿Quién viene después?
Les voy a decir una cosa.
In extremis. Cuatro años y medio después de retirar las tropas de Iraq, y cuando a Bush sólo le quedan dos meses de presidencia, el presidente Zapatero pisará la Casa Blanca. Bush le ha invitado, aunque el gobierno español está siendo bastante parco a la hora de dar las gracias. Es verdad que el presidente va en visita de grupo, uno más del numeroso grupo de asistentes al G-20 (igual deberían hacer en la Casa Blanca una visita guiada por la sala verde, la sala roja y el despacho oval), pero pisar la sede de la Presidencia norteamericana, la pisará. Y además se encontrará en la cena con el rey del mambo, digo con Barack Obama. En la repesca y casi casi por penalties, pero el hecho es el que es: contra todo pronóstico hace apenas un mes, Zapatero estará con Bush en la White House. La historia es siempre imprevisible. ¿Le dirá Bush a nuestro presidente algo más que hola, qué tal, amigo? ¿Llegará la reconciliación, aunque sea a título póstumo? Importa ya poco, claro. Pero será un interesante colofón para esta historia de enemistad, o ninguneo, o repulsión mutua que tanto juego ha dado en los medios de comunicación en los últimos cuatro años.
La Historia sigue avanzando. Y Bush se va yendo, y aun no habiendo sido, a la vista de lo que opinan los norteamericanos, un buen presidente, habrá que reconocerle a este tejano tan criticado por tantas cosas, una cierta grandeza en el comienzo de su despedida. A la vejez viruelas, Bush ha hecho hoy, en entrevista con la CNN, dos cosas que le honran y que no son nada frecuentes por estos pagos nuestros. Una, asumir errores. Dos, elogiar a quien ha ganado las elecciones, aun siendo del partido rival y aun habiendo sido la crítica a las políticas de Bush el argumento central de su campaña. ¿Qué errores ha asumido? ¿Tal vez la guerra de Iraq? ¿Tal vez Guantánamo, o la ceguera que demostró cuando el Katrina? No exactamente.
Lo del Katrina, que para la opinión pública estadounidense ha sido probablemente su mayor fracaso, ya lo reconoció hace un par de meses, cuando llegó el Gustav y actuó el presidente justo al revés de como había actuado la primera vez, poniendo medios y admitiendo que ante el Katrina había estado lento y espeso. Sobre Guantánamo no se espera que Bush diga ya nada nuevo, salvo que quiera jugársela a Obama cerrando el centro de reclusión antes de que el nuevo presidente pueda hacerlo. Y la guerra de Iraq, para él, no es un error, luego no cabe esperar que se arrepienta. Los errores que ha reconocido son dos: prometer a los americanos tras el 11-S la captura de Bin Laden vivo o muerto (no debí decirlo, ha comentado ahora), y proclamar desde la cubierta del portaviones Abraham Lincoln que la misión en Iraq estaba cumplida: huelga decir que, ni entonces ni ahora, está cumplida.
Anuncia Bush que va a escribir un libro de memorias, una especie de examen de conciencia de lo hecho y lo que deja sin hacer, que desde luego, promete. Bush, según Bush. El éxito editorial lo tiene asegurado. La segunda cosa que hace el todavía presidente en esta entrevista es aún más encomiable. La forma en que habla de quien le va a suceder. Dice: mi candidato era el otro, obviamente, McCain, y mi candidato ha perdido. Pero la elección de Barack Obama es un hito para este país, es bueno para este país, y es bueno comprobar que la gente cree en el sistema y que Obama les ha dado esperanza. Prevé que lo hará bien, incluso muy bien, en la Casa Blanca. y si en algo puede ayudar (que no parece) allí estará para echar una mano.
Todo será que con George Walker Bush pase lo que pasó con Jimmy Carter. Que sea un buen ex presidente aun habiendo sido un mal presidente. Quien quiera hacer comparaciones entre el modo en que los presidentes de Estados Unidos hablan de su sucesor y sus antecesores, y el modo en que lo hacen los nuestros, aquí, lo tiene fácil. No imagino yo a José María Aznar diciendo que la elección de Zapatero es buena para el país porque ha generado ilusión entre los ciudadanos, ¿verdad? Claro que tampoco imagino a Zapatero absteniéndose, una vez que ya gobierna, de recordar todos los días lo mal que, según él, gobernaba Aznar. No esperen ver al presidente Obama, cuando el partido rival, los republicanos, le critiquen sus políticas o sus decisiones, responderles hablando de Bush y de las cosas que hicieron los republicanos cuando gobernaban. Allí se pasa página. Al presidente saliente lo han juzgado los electores y lo juzgará la Historia. Al nuevo presidente se le mide por lo que haga él, y al partido rival se le mide por lo que haga ese partido a partir de ahora.
En la Casa Blanca, en la cena del viernes, se hablará de finanzas y de mercados, pero también se hablará de coches. No de los coches oficiales que gasta cada uno de los mandatarios (que ahí podrían pasárselo muy bien comparando modelos y precios, el precio que pagamos los contribuyentes por los vehículos de los altos cargos), sino de las fábricas de coches. El sector del automóvil anda llamando a la puerta de los poderes públicos porque, o recibe dinero, o chapa. Cierra. En España hay cientos de miles de puestos de trabajo en juego, sumando las fábricas y las empresas vinculadas, pero es que en Estados Unidos, las tres grandes, Ford, General Motors y Crysler, dan trabajo a tres millones de personas. Anoche comentamos ya en La Brújula algunos datos.
Las acciones de General Motors han caído un 90 por 100 en los que va año: cuestan lo mismo que costaban hace setenta años. Los medios de comunicación americanos hablan de riesgo inminente de quiebra, y éste fue el asunto central de la conversación que mantuvieron anteayer Bush y Obama. Aquí, en Casa, la planta de General Motors en Figueruelas también llama a la puerta de las administraciones públicas. Condiciona su continuidad a recibir ayudas del Estado. Aquí la palabra la tiene la Comisión Europea. Se trabaja en un plan de ayuda pactado por todos los gobiernos, en la línea de los planes ya aprobados para meter dinero al sistema financiero. Primero los bancos, ahora, los coches. La pregunta es ¿quién viene después? Y la respuesta, y ahí está la madre del cordero, es que la lista es larga. No hay que ser un lince para apuntar, como ha hecho hoy el servicio de estudios del BBVA, que el paro, en el 2009, llegará en España al 15 por 100. Tres millones y medio de parados.

