10:01 nov 03, 2008 | Carlos Alsina | General

Deshojando la margarita

Les voy a decir una cosa.

O les voy a contar una historia. I tell you a story. Para algo emitimos hoy desde la Nación que más historias crea, fabrica y difunde cada año al resto del mundo. A través del cine, de las series de televisión, de la música, de las decisiones políticas. Ésta es la historia de un señor de Denver, Colorado. Se lama Edward Brown, pero sus amigos le llaman Ed. Ed tiene ya una edad, sesenta y cuatro años, y ha vivido, por tanto, unas cuantas elecciones como ésta que vamos a vivir aquí mañana.  Once en concreto. Y ha votado en todas, que en esta nación tampoco es frecuente. El amigo Brown es veterano de la Fuerza Aérea y trabajó en el Departamento de Defensa. Es blanco y no le gusta que le suban los impuestos. Digamos que da el perfil de votante republicano. Ayer, tomando un café en un local de Denver que se llama Café Cariño le preguntaron a Ed a quién va a votar. Y él respondió: “Pues mire, un día me digo: yep (que es sí, o sip), estoy con Obama; pero otro día me digo: nope (que es no, o nop) estoy con McCain”. Y ahí sigue. Entre el yep y el nope deshojando la margarita.

Ed Brown, y los varios millones de Ed Browns que van a dedicar la tarde de hoy aquí (noche en España) a resolver su íntima y personalísima indecisión, es la clave de que mañana Estados Unidos ponga a su primer presidente negro en la Casa Blanca (haciendo Historia), o deje a todos los medios de comunicación y a todas las empresas que hacen encuestas con un histórico, también, palmo de narices. Este veterano votante de Denver, Colorado, es ejemplo de un fenómeno del que llevan dos días hablando los tertulianos de los medios de aquí, porque aquí también hay tertulianos. El fenómeno de quienes han coqueteado con la idea de votar a Obama, que en las encuestas han manifestado incluso su intención de hacerlo, pero que a última hora es posible que voten a McCain. ¿Por qué? Porque uno de los factores que han convertido al senador Obama es mucho más que un aspirante a la Casa Blanca (le vale el titulo de la peli de Will Smith, ¿no?, Soy leyenda), uno de los factores que le han elevado a la categoría de fenómeno de masas es lo rompedor que, para muchos, supone votarle. Son norteamericanos que aunque no llegan a creerse que Obama sea un peligro público, como sugiere Sarah Palin, sí encuentran en él un cierto riesgo. Un hacer algo que hasta ahora no se ha hecho. No sólo por su raza, sino por su poca experiencia y por alguna de sus ideas.

Para estos votantes, elegir a Obama es como permitirse a sí mismos una licencia, ¿no?, hacer algo que les apetece hacer, aunque en el fondo les produzca alguna reserva. Han coqueteado con la idea de votar a Obama, pero está por ver si mañana se aguantan a sí mismos la apuesta. Por ahí van los análisis que se están haciendo aquí. A doce horas de que abran los colegios electorales en la costa Este. A este ratito que aun queda lo llaman home strecht, o the last home strecht, que viene a ser lo que nosotros llamaríamos recta finalísima, o sprint final y definitivo. Los candidatos no dejan de lanzar mensajes y pedir el voto hasta el último minuto (votando incluso se puede seguir haciendo campaña), y las encuestas, a diferencia de lo que pasa en España, también están permitidas todo el tiempo. ¿Qué dicen las encuestas? Que Obama gana. Con cierta holgura. ¿Qué dicen los votantes? Que hasta el rabo todo el toro, y que visto lo visto hace cuatro años, o hace ocho, por más que digan las encuestas, está el patio como para fiarse.

Porque en las dos últimas convocatorias, las encuestas han patinado más que Solbes haciendo previsiones. Les cuento otra historia. De esta mañana. Un taxista negro de aquí, de Washington D.C. Se llama Davon, tiene treinta y tantos años, y siempre vota demócrata, incluso cuando presentan como candidato a un mistake, como dice él, un error llamado John Kerry. Davon lleva puesta la radio en su taxi. En el programa de la mañana, dos periodistas comentaban que sería un milagro que McCain ganara mañana. Bromeaban sobre quién tendría más cara de sorpresa si eso sucede: Obama, perplejo por su derrota, o McCain, incapaz de entender por qué ha ganado. Davon, el taxista negro, lo escucha y comenta: “No sería tan raro”. Él vota demócrata y si Barack Obama, en lugar de senador, fuera rapero, no dejaría de comprar ni uno solo de sus discos. Lo adora. Pero levanta el dedo índice y comenta: “Demasiado claro”. No lo ve. Cree que los republicanos, mañana, van a echar el resto. Y que muchos de los que se han dicho a sí mismos, venga sí, atrevámonos a votar por un cambio tan grande como el que significa Obama, al final dirán: mejor la próxima vez. El taxista negro no sabe ni de estrategias políticas ni de campañas. Pero dice lo que dice con el aplomo de quien considera obvio, evidente, lo que está comentando.    

La carrera electoral está animada. Nunca dejó de estarlo, pero oye, como es tan larga, hay días que baja el tono. Este último día está subiendo. Las cuentas que hacen aquí los dos aspirantes no son de votos totales, ni de porcentaje total de la población que se inclinará por cada uno de ellos. Las cuentas son por Estados: cada uno de los cincuenta estados de la Unión aporta un número de votos electorales, California, por ejemplo, aporta 55 (es el que más tiene) mientras que Alaska, el estado Palin, sólo aporta tres. La cuenta que se hace Obama y que se hace McCain tiene un numero mágico: los 270 electores que aseguran quedarse con el despacho oval por cuatro años. De ahí que las batallas más duras se libren en los estados que, siendo grandes, aportando un numero importante de votos electorales, andan divididos entre Obama y McCain, o son estados swing, los oscilantes.


La Florida, Virginia, Ohio, Indiana. Es la batalla de los mítines y, más aún, de los spots en radio y televisión. El último bombardeo. Receptivo está el electorado. La participación, mañana, puede batir récords. Hay más emoción, más pasión, más ganas, que hace cuatro años. Y hay una pregunta (retórica) que aquí se hacen los medios: dónde se ha escondido el presidente Bush. Dónde está Wally. No sólo no ha hecho acto de presencia en la campaña, es que lleva días sin hacer una sola aparición pública. Duro trago para quien hace cuatro años se merendó a John Kerry y le ganó a los demócratas y a los sondeos. Amargo trago para quien llega al final de su mandato con uno de los índices de aceptación más bajos de la historia de los presidentes norteamericanos. Que es una historia larga. Mañana aquí se elige al que hará el numero cuarenta y cuatro. El nuevo inquilino de esta casa de color blanco que tenemos detrás y que responde al nombre de White House. Para nosotros, la Casa Blanca. 

PARTICIPA | Comentarios[2]

Comentarios

Enviado por Beatriz en noviembre 05, 2008 a las 09:50 PM CET #

Es reprochable no poder leer las frases íntegras del blog teniéndo el equipo técnico que tenéis, por otra parte mis felicitaciones por implantar esta herramienta informática(blog-participativo)como muestra de gratitud a nuestra presencia y leal escucha. Ahí se ve la clase de las personas...ENHORABUENA.

 

Enviado por Esther Roldan en noviembre 07, 2008 a las 10:36 PM CET #

Me ha gustado mucho este articulo. Das una vision instantanea y "en vivo" de las elecciones de EEUU. Yo solo puedo dar una vision externa y mas bien poco documentada de estas elecciones. Es una opinion mas bien emocional. En general me han parecido interminables. En cuanto a la estética me recuerdan mucho a las fiestas de fin de año o a un cumpleaños. Y los candidatos....realmente no veo gran diferencia entre ellos... ¿nos beneficia mas que gane uno que otro?¿mejorará las relaciones de EEUU con España si gana Obama? ¿a pesar de Zapatero? Hasta que punto todo en politica, en economia no está en cierta medida basado en las emociones, en las emociones de los votantes, de los consumidores. Si todos creemos que con Obama la economia mundial mejorará quizás todo mejore más rapidamente...

 

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