Road show financiero
Les voy a decir una cosa.
“Hello, soy Elena Salgado y vengo arrearles una colleja. Bajen la cabeza, el cogote a la vista, zasca, esta por poner en duda que Zapatero sabe lo que hace y ésta, zasca otra vez, por alentar la especulación de los que quieren seguir haciendo de las suyas”. Los del Financial Times doloridos, “no se ponga usted así, mujer” y ella, apretando: “o empiezan a hablar bien de España o me traigo a De la Vega, que da unos capones que te dejan turulato”. Habrá sido así lo de esta mañana en Londres, ¿no? La brava vicepresidenta del gobierno de España cantándole las cuarenta a los odiosos analistas del Financial Times que le están atizando a España para machacar al euro porque ellos lo compran todo en libras británicas. Como dijo el presidente Zapatero el viernes, y hoy ha repetido el ministro Blanco, “ah, nada de esto es inocente, los editoriales que publican los medios extranjeros responden a intereses particulares, y nuestra mala situación en los mercados es fruto de maniobras turbias de malvados especuladores”. Bueno, si eso es así, Salgado los habrá puesto hoy a todos en su sitio, torta va torta viene, a cañonazos contra la Pérfida Albión antes de que la tormenta perfecta hunda del todo nuestra flota. “Hello, soy José Manuel Campa y he venido a anudarles los testículos”.
... ver entrada completaLa situación es muy grave
Les voy a decir una cosa.
Hay dos posibles explicaciones. Una es que no se enteren. Otra es que no quieran enterarse. La respuesta que dieron esta mañana los lideres sindicales a las reformas que pone sobre la mesa el gobierno es para hacérsela mirar. No porque no estén en su derecho a oponerse a todo lo que salga del Consejo de Ministros, sino porque conviene dar argumentos mínimamente coherentes. Según los dirigentes de los sindicatos, que tienen, también, ellos, la responsabilidad de arrimar el hombro para que el país salga del hoyo, el gobierno debe reconsiderar su posición porque, abro comillas, “la situación es muy grave”.
... ver entrada completaUna plegaria para agradar
Les voy a decir una cosa.
“La tierra pertenece al viento”. No, hoy no emuló el presidente Zapatero al indio ecologista. Tampoco escogió para su homilía laica de Washington el Libro de las Lamentaciones, aunque pudiera haberlo hecho porque le viene al pelo ese pasaje que dice: “Amargamente llora en la noche. Sus lágrimas están en sus mejillas. Sus amigos se vuelven enemigos. Sus perseguidores le alcanzan y no halla descanso”. Puesto a escoger un pasaje de la Biblia, y en vista de cómo tiene, en España, el patio, igual lo más gráfico hubiera sido echar mano del Apocalipsis. “El sol se puso negro como tela de cilicio; la luna entera se puso como sangre y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como una higuera arroja sus higos tardíos cuando es sacudida por un fuerte viento”. Cuenta el Apocalipsis que la Moncloa se llenó de humo, perdón, que el templo se llenó de humo y nadie podía entrar hasta que fueran consumadas las siete plagas. Opciones tenía el presidente si buscaba un fragmento de las Sagradas Escrituras que reflejara el estado de ánimo político que estos días padece. Pero se decantó por el Deuteronomio, el libro de la Ley que Moisés recibió de Dios y transmitió a su pueblo para que éste cumpliera los mandamientos.
... ver entrada completaRectificando, que es gerundio
Les voy a decir una cosa.
Ni Caldera le daba tanto al tipex. Otra vez le ha tocado a Elena Salgado coger la goma de borrar. Primero, para cambiar los números que ella misma elaboró en otoño y que el Congreso de los Diputados aprobó hace poco más de un mes; segundo, para enmendar el texto del programa de estabilidad que ha enviado a Bruselas porque incluyó un párrafo sobre el cálculo de la pensión que ha provocado alaridos de pavor en la Moncloa. Rectificando, que es gerundio. La previsión de déficit público que incluían los Presupuestos del Estado era del 8,1 % para este año, incluyendo el déficit de las administraciones autonómicas, que están muy calladas mientras el gobierno se come él solo el marrón de adelgazar sus gastos. Iba a ser del 8,1 pero ya no lo es. La nueva previsión eleva el déficit de este año al 9,8 %, ésta es la nueva estimación que ha enviado Salgado a Bruselas dentro del plan de estabilización, que, para entendernos, son los deberes que promete hacer el gobierno para ir reduciendo el desajuste del presupuesto y mantener vivo el objetivo 2013, que es no pasar, ya en ese ejercicio, del tres por ciento de déficit, lo que exige la comisión europea a los países de la zona euro.
... ver entrada completa¿En tu casa o en la mía?
Qué son las témporas. Y por qué no conviene confundirlas con la parte en que la espalda pierde su casto nombre, o sea, y con perdón, el culo. Las témporas son los cuatro tiempos de la liturgia católica que coinciden con el final de cada estación y el comienzo de la siguiente. Pero hay etimólogos que sostienen que “témpora” podía ser una forma de referirse a la cabeza, por el hueso temporal, por las sienes. No confundir el trasero con las témporas vendría a significar, entonces, no confundir la inteligencia de una persona con sus posaderas. Interesante, ¿no creen? Valga esa innecesaria reflexión para introducir el debate tonto del día. Que es éste que dice: qué tiene más importancia, que venga Obama a la cumbre de la Unión Europea (más bien sería que no venga) o que vaya Zapatero al desayuno de oración de este jueves en Washington. ¿Es más relevante la ausencia de Obama o la presencia de Zapatero, eh? ¿Qué es más importante, oiga, una manzana o un plátano?
Debate sobre pensiones, viejo como Pacto de Toledo
Les voy a decir una cosa
Cuando vienen mal dadas, vienen mal dadas. El gran trampolín que el presidente del Gobierno pretendía emplear para remontar en las encuestas patrias y emerger como líder de la izquierda europea era un trampolín de cartón y está mojado. La presidencia española de la Unión Europea se ha ido a negro. Ni media palabra de ella ya en los medios de comunicación, eclipsada, desdibujada, reducida a la condición de jarrón, por el debate abierto sobre la reforma de las pensiones en España. Que, en realidad, es el debate sobre la solvencia de España como nación, sobre si somos o no un país fiable, un emisor de deuda de cuya solidez tienen motivos, o no, para dudar los inversores extranjeros que nos la compran. El iceberg estaba ahí, pero sólo ahora parece haber tomado conciencia de su peligro el capitán del barco, autor de un golpe de timón que ha hecho crujir las cuadernas de la nave, que ha dejado al pasaje (y a su propia tripulación) perpleja, sacudida y mareada, y que abre la duda de si el golpe de timón se ha dado a tiempo o llevábamos ya una deriva que, por mucho cambio de rumbo que hagamos ahora, no nos libra de darnos de bruces con el iceberg ni la virgen del Carmen. Cuando vienen mal dadas vienen mal dadas, y ahora el que ya no viene es Barack Obama.
... ver entrada completaHa llegado la hora de caerse del guindo
“En esta crisis”, dijo aquel señor calvo, victoriano, fumador de puros y vestido siempre con chaleco y pajarita, “en esta crisis se me perdonará la falta de ceremonia con que he actuado. Tenemos ante nosotros una prueba de la especie más dolorosa. Tenemos ante nosotros muchos meses de sufrimiento. No puedo ofrecer otra cosa que sangre, esfuerzo, sudor y lágrimas. Me considero con derecho, en esta coyuntura, a reclamar la ayuda de todos y decir: ‘Vamos, avancemos juntos con nuestra fuerza unida”. 12 de mayo de 1940. Winston Churchill acababa de formar gobierno de concentración nacional y pronunció en la Cámara de los Comunes su célebre discurso de la sangre, el sudor y las lágrimas para ganar la guerra. Y el esfuerzo, que era la cuarta palabra que encadenó el primer ministro y que quedó apeada, sin embargo, de los libros de Historia. El discurso de las verdades incómodas. El jefe de gobierno que, en circunstancias adversas, le dice a sus ciudadanos todo aquello que a ningún gobierno le apetece decir. En el penúltimo párrafo de aquel discurso que lo consagró como uno de los mejores oradores que ha dado la política del último siglo, Churchill, pese a todo lo que acababa de decir, se declaró optimista. No antropológico, pero sí esperanzado. Convencido, vino a decir, de que, con el esfuerzo de todos, saldremos de esta.
Toca meter tijera
Toca meter tijera. Cualquier parecido entre el discurso económico que hacía el gobierno hace un año y el que hace ahora es pura coincidencia. Hace un año todo eran cantos elogiosos al gasto público y el incremento de la deuda (planes de estímulo se llamaban) porque urgía apuntalar la economía, generar empleo público aunque fuera temporal y aumentar las prestaciones para poder cubrir a los dos millones nuevos de parados. Ahora lo que toca es retirar los estímulos, subir impuestos, recortar el déficit y contener la deuda. Volver a aquello del equilibrio presupuestario y el saneamiento de las cuentas. Es verdad que han cambiado las circunstancias, y que en el resto del mundo el proceso ha sido más o menos el mismo: los gobiernos que hace un año pedían a Bruselas que hiciera la vista gorda ante los déficit públicos disparados y la intervención de los estados en todos los sectores económicos, ahora se fijan calendarios para ir quitándole a la economía las muletas y prometen impulsar activamente la competencia. Hay dos diferencias entre la mayoría de los países europeos y el nuestro: la primera, que ellos ya han empezado a crecer de nuevo (cierto es que empezaron a caer antes) y pueden ir quitándole, con menos riesgo que nosotros, los ruedines que le pusieron a la bicicleta; la segunda, que no tienen tantas reformas pendientes como tenemos (y teníamos ya antes de entrar en recesión) nosotros.
Lo último del gurú de los gadgets
Si los chavales de ahora, que le dan a la Wii, la Play, la X Box, la Nintendo DS, vieran cómo eran nuestros videojuegos Atari se iban a partir la caja preguntándose cómo podía parecernos divertido algo tan muermo. Pero en su día fueron lo más de lo más, la primera videoconsola casera con aquel diseño escasamente aerodinámico, ¿verdad?, pero que oye, el chaval que la tenía era el rey del barrio. En Atari, que era una empresa, hizo sus primeros pinitos un señor cuyo nombre no puede decirse que sea tan conocido como el de Bill Gates, o como el de las celebridades del cine, o como el de Barack Obama, pero que usando su privilegiada cabecita semi-calva está haciendo presente los chismes que antes sólo se veían en las películas futuristas. Este señor, que se llama Steve Jobs y es, en su ámbito, una de las personas más influyentes del mundo, se dedica a imaginar aparatejos que, empleando las nuevas tecnologías, faciliten la vida a los usuarios y se la hagan más divertida. Es como el gurú de los gadgets, los dispositivos electrónicos innovadores también llamados aparatitos.
Alcaldes rebeldes, salid del armario
Les voy a decir una cosa
Tic tac, tic tac, el tiempo se acaba. Estamos a martes y el plazo para presentarse termina el domingo. No, no es Eurovisión. Es la disparatada historia del A-punto-T-punto-C-punto. El almacén de residuos nucleares. ATC podría ser el acrónimo también de “a tomar por...”, que es lo que debe estar pensando el ministro Sebastián viendo la gran ayuda que le están dispensando las direcciones de los principales partidos para sacar adelante este desván de desechos nucleares que ellos mismos aprobaron en el Congreso. El plazo se acaba. Si hay todavía algún alcalde rebelde dispuesto a plantarle cara a la dirección regional de su partido (sea el que sea) que vaya saliendo del armario porque ya toca. Al de Yebra lo van a expedientar. Al de Ascó lo van a suspender de militancia. Es el precio que pagan por hacer valer su condición de alcaldes y su presunta autonomía a la hora de tomar decisiones. Y es el precio que pagan por haber evidenciado la endeblez de los principios que dicen defender sus superiores orgánicos. Pocas veces se produce en la prensa tanta unanimidad en los comentarios editoriales. Se acusa a los dirigentes autonómicos y nacionales de los partidos incoherencia, populismo, politiquería y cortedad de miras
... ver entrada completaTal día como hoy hace veinte años
Se murió Ava Gardner. Mientras dormía. Víctima de una pulmonía. Y se había muerto Dámaso Alonso, por cuyo domicilio desfilaron aquel día los primeros espadas de la cultura española de entonces. De entonces, ¿cuándo? De entonces, tal día como hoy hace veinte años. Cuando a las ocho de la tarde apareció en unos pocos televisores la primera emisión en directo de una televisión privada en España. Lo que hoy es Antena 3 nació, en realidad, dos veces. O tres. La primera, en 1980, cuando aún era presidente Suárez y un grupo de periodistas y empresarios hizo la insólita solicitud por su cuenta, insólita en aquella España recién nacida a la democracia y en la que la televisión se identificaba con la cosa oficial, lo público, la principal herramienta de información, de educación y de adoctrinamiento que poseía el gobierno.
Hay que abrir debates
Ahora resulta que hay que abrir debates. El gobierno reclama que se abra un debate sobre la edad de jubilación y el sistema de pensiones. El PP, sobre cuántos inmigrantes caben en España y en qué condiciones. Medio gobierno y medio PP, sobre si la energía nuclear es una opción o es una obligación inexcusable. Todo el gobierno y todo el PP, sobre nuestro sistema educativo. En una sola semana se han escuchado llamamientos de todo color político a la necesidad de abrir debates serios, serenos, sosegados, sobre cuestiones principales del 2010 en España. Bienvenidos sean los debates, aunque asistamos estos días a la siguiente paradoja: los dirigentes políticos urgen a abrir debates que, en realidad, llevan mucho tiempo abiertos, mientras en el Congreso de los Diputados se apuran las vacaciones de Navidad que todavía no han terminado. No les gusta a sus señorías, ni a presidente Bono, que se las llame así, vacaciones, porque alegan que aunque no haya plenos ni reunión de las comisiones sí funciona un retén de guardia al que llaman diputación permanente y que sirve para hacer papeleo, pero no para debatir nada. Los debates del mes de enero en España se hacen en las páginas de los periódicos y las tertulias de la radio.
Adopte usted un cementerio nuclear
Fue el día de San Fermín. Del año pasado. El ministro hizo una profecía y, aun resultando equivocada, oye, acertó. El ministro se llama Miguel y es uno de los más activos (y provocadores) del gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Tiene ideas, tiene ganas y lanza propuestas. El presidente le tiene en gran estima, aunque se la pegara con gran estruendo en la batalla por la alcaldía de Madrid.
Miguel Sebastián, ministro de Industria, adalid de las bombillas de
bajo consumo, del coche eléctrico y de la energía nuclear. En esto
último discrepa abiertamente de su jefe, pero cuando éste decidió en
julio de 2009 que la central de Garoña debía tener fecha de caducidad acató la orden e hizo lo que pudo para argumentarla en público.
De eso se hablaba el día de San Fermín, del futuro de Garoña, de que
hacer con el reactor de la central una vez que fuera desmantelada y de
la asignatura pendiente de los residuos nucleares en España. Y fue
entonces cuando Miguel Sebastián anunció que era hora de retomar el proyecto del ATC, que significa Almacén Temporal Centralizado, más conocido como el cementerio nuclear para residuos de alta actividad de EspañaNoche en amarillo
La noche de hoy es amarilla. Porque es la noche de los Simpson. Están de cumpleaños en Springfield, veinte añitos ya de esta familia que nunca crece, y está de cumpleaños Antena 3, que cumple veinte a la vez que los Simpson y que, con tal motivo, ha preparado para esta noche sesión doble, o cuádruple, de esta serie de animación que, aunque es para adultos, fascina a los niños de todas las edades. La mitad de las bromas es imposible que las entiendan, pero se lo pasan en grande viendo a Bart chotéandose del pobre Homer. Y lo que aprenden los enanos viendo Los Simpson. Aprenden, por ejemplo, que lo que diferencia al ser humano de los animales es su habilidad para escaquearse. Bueno, menos la comadreja, que también se escaquea bastante.
Homilía laica
El reverendo Chris Sterry, vicario de Whalley, en el Reino Unido, es recordman mundial de sermón largo. Obtuvo el título hace ocho años, cuando se pasó veintiocho horas y cuarenta y cinco minutos predicando desde su púlpito. Sólo tenía permitido parar quince minutos cada ocho horas, se alimentaba de zumo de naranja y latas de Red Bull y, conforme a las reglas del Libro Guinness, no podía decir bobadas ni hacer frases sin sentido. Durante veintiocho horas y cuarenta y cinco minutos estuvo comentando las Sagradas Escrituras. Nunca le invitaron al Desayuno Nacional de Oración norteamericano, porque, en su caso, hubiera sido desayuno, almuerzo, merienda y cena. Y curiosamente es anglicano. Dices: “Curiosamente, ¿por qué?” Ah, porque los anglicanos son los que menos aguantan los sermones largos. ¿Quien lo dice? Pues un grupo de profesores de la universidad de Durham que ha publicado un estudio sobre las preferencias de los fieles por los sermones en función de la iglesia a la que pertenecen. Quién dijo que todo estaba ya estudiado, ¿no? La noticia la publica hoy el diario Times con el siguiente enfoque: en estos tiempos en que sermonear está mal visto, los cristianos aún aprecian a los buenos predicadores. ¿Y qué se entiende por buen predicador? (atento, presidente, por si le sirve para su acto de contrición, digo de oración, del día cuatro), pues depende de la confesión a la que cada uno pertenezca.


