Nos íbamos de compras al showroom de Marc Jacobs cuando vimos una enorme humareda en la lejanía. Lo primero que se nos vino a la cabeza es un gran incendio en Chinatown, que se encuentra a escasos metros de las desaparecidas Torres Gemelas. A medida que avanzaban los minutos, nos íbamos convenciendo que aquello era algo de una magnitud a tener en cuenta. Nos volvimos al hotel y, en lo que a mí respecta, ahí terminó mi día. Me encerré en la habitación y no aparté la vista de la televisión ni un segundo. De vez en cuando me asomaba a la ventana y veía las aceras vacías de gente, los famosos y emblemáticos taxis amarillos neoyorkinos aparcados, pegados a las aceras de la Lexington Avenue con la 47 Street..Nueva York seguía siendo una ciudad fantasma.
La estatua de la Libertad sigue velando por su ciudad | Foto: Amalia EnríquezEn mi empeño de olvidar siempre lo malo, aquello que me produce dolor, he aparcado algunos de los momentos vividos. Hablé con mi familia en los primeros momentos de desconcierto y, poco después, nos quedamos sin conexiones de teléfono, internet y sin poder volar de regreso a Madrid hasta varios días después. Las medidas extremas de seguridad, que se tomaron a partir de ese momento, son por todos conocidas. Aún hoy la padecemos y parece que, hasta 2013, seguiremos sin poder pasar líquidos a la cabina de los aviones.
lEl bullicio envuelve,de nuevo,la ciudad | Foto: Amalia EnríquezEn aquél momento trabajaba en Antena 3 y, al regresar, no daba crédito a lo vivido en directo por Ernesto Saénz de Buruaga, Matías Prats y Ricardo Ortega, el entonces corresponsal de la cadena en USA y que falleció tiempo después en Haití, donde fue herido de bala en un tiroteo en Puerto Príncipe, en el que murieron otras cinco personas y 26 resultaron heridas.
Los colores inigualables de la ciudad de los rascacielos | Foto: Amalia EnríquezEse ambiente de ciudad fantasma, de silencio, de tristeza y de ánimo noqueado es algo que sólo volví a revivir en los atentados del 11M en Madrid. Son imágenes que se quedan grabadas en la retina, pero más duro es archivar las secuelas emocionales que quedan en el ánimo. Acostumbrada a ver las historias más rebuscadas en la gran pantalla, la realidad superó la ficción en esos dos días 11 que ya forman parte de la historia colectiva..
una Nueva York en calma