Le conocí cuando no levantaba las pasiones que ahora despierta. Su físico era igual de apabullante, pero no había llegado el personaje de “El Duque” a su vida. Desde ese momento, su existencia ya no es la misma. Recuerdo perfectamente el día en el que le ofrecieron ese papel. Estábamos en el hotel Mª Cristina de San Sebastián. Yo cubría el festival y Miguel Angel participaba en la inauguración del certamen. Recibió la llamada de Bea Castro, su representante y amiga incondicional, la que siempre ha confiado en su potencial como actor cuando ni siquiera él lo hacía. Su consejo y opinión fueron fundamentales para que aceptase el reto de ese personaje que le convirtió en ídolo de legiones de incondicionales. Atrás quedaban unos tibios comienzos en este trabajo que se ha convertido en el motor de su vida..
Save the Children | Foto: Save the Children“Entré en esta profesión persiguiendo llenar el vacío que me dejó el tenis. Yo no aspiraba a ser número 1 porque Nadal sólo hay uno, pero sí tenía una serie de expectativas que no sabía si conseguiría. Me empezaron las dudas y me planteé si era mejor llevar una vida cotidiana, con la magia y los orgasmos que tiene este tipo de vida, o seguir en el tenis con la duda de si llegaría a lograr lo que soñaba. Una lesión rompió con todo…
Llegó el momento de enfrentarse a la dura realidad y buscar un plan B. Se refugia en la fisioterapia, hizo la diplomatura hasta tercero, pero vio que aquello no le estaba dando la ilusión que necesitaba para levantarse, todas las mañanas, dispuesto a realizar un sueño. Se convirtió en el blanco perfecto para una depresión..”Después de tener que dejar el tenis, pasé un año muy malo porque tenía un vacío muy grande, un vacío de sueños. No perseguía nada en la vida, en vez de ir yo con el tren de la vida, lo que hacía era verla pasar. Yo creo que es muy importante perseguir un sueño en la vida, que te cargue de ilusión, de emoción y de ganas”.
Y la interpretación dio, de nuevo, sentido a su vida. Le dio una nueva oportunidad de soñar. Decide venirse a Madrid a estudiar. “Le dije a mi padre que lo hacía porque siempre he tenido claro que, si me atropella mañana un camión, ¡¡yo quiero estar sonriendo!!. Y aquí volví a ser feliz, porque actuar llenó el vacío que me había dejado el tenis. La interpretación se ha convertido en un orgasmo de vida”.
la sombra de "El duque" ya no es tan alargada.. | Foto: Amalia EnríquezEn apenas tres años consiguió lo que otros no consiguen en media vida y casi ni se atreven a soñar. El éxito le llegó muy rápido, le desbordó y le asustó. “Ese susto va acompañado de soledad.. y eso me da miedo y me entristece. Todo lo que rodea un triunfo es mágico pero, cuando vuelves al sofá de tu casa, tienes que volver a ti. Y la manera de hacerlo es estar rodeado de los tuyos, de la familia, de los amigos. Y es en ese momento en el que me doy cuenta que les echo mucho de menos”.
La fama desorbitada que hoy tiene está a medias entre el disfrute y el agobio. Estar en el punto de mira para ser juzgado es algo que le intimida. “Una fama medida es una delicia, pero cuando es motivo de observación constante ¡es difícil llevarla!. Yo, por ejemplo, he sido un jeta toda la vida y ahora ¡me he convertido en un tímido!. Desde la serie, he empezado a darme cuenta que llego a un sitio y la gente me mira. La fama hace que, fuera del plató, también sienta la censura de las miradas. Y eso lo llevo peor”.
No sabe si quiere que esto dure para siempre, pero tiene claro que le costaría reciclar su vida sin estar ligado a este trabajo. Ya no lleva reloj porque está convencido que no hay que ser esclavo del tiempo. Y lo dice alguien que, en un abrir y cerrar de ojos, ha pasado de masajear los cuerpos ajenos a levantar pasiones con el suyo propio. ¡Cosas de actores!
El chico de moda