Día fresquito en Madrid, aunque con un sol que enmascara la temperatura. Es de esos días en los que apetece quedarse en casa, al calor del hogar, rodeada de libros, revistas y unas buenas series americanas en la recámara, pero imposible cumplir ese pequeño deseo cotidiano porque hay prioridades y el trabajo es una de ellas. Aunque mi mente está en ese juzgado donde una niña de trece años, a la que he visto nacer, explica ante sus padres porqué quiere irse a vivir con uno y dejar de hacerlo con otra.
"Mi misión es ayudar a los míos" | Foto: Amalia EnríquezCon una madurez inusual en una niña de su edad, Tana habló con su madre y con su abuela, la duquesa de Alba, –semanas atrás- para explicarles su decisión. Es obvio que ninguna de las dos la entendió ni aceptó. Fue entonces cuando la niña preguntó, en su entorno, qué opciones le quedaban para poder conseguir su propósito. “Que lo cuentes ante un juez”, le dijeron. Y sin pensarlo un segundo dijo "¡adelante!".
Francisco Rivera, reacio a ser foco de atención y serlo -a menudo- a su pesar, se convirtió –a partir de ese momento- en el protagonista de la decisión de su hija, en “el malo de la película”, el instigador de la decisión. Suele ocurrir. Si habla, porque habla. Si calla, porque evita pronunciarse. El caso es que, haga lo que haga, a nadie dejará indiferente.
Se ha acostumbrado a ser la diana de todas las críticas. Si expresase su punto de vista, si explicase su verdad, estoy segura que muchos cambiarían el concepto que tienen de él. Así se lo dije hace unos días cuando le entrevisté para mi sección A MI MANERA en ABC Punto Radio. “Prefiero no decir nada.Mi misión es ayudar”, me dijo. Nunca ha dejado de hacerlo, ni con sus hermanos, ni con su tía, ni tampoco con su madre. Lo hizo durante toda su vida, desde el mismo momento en el que se ocnvirtió en el cabeza de familia. Es el gran desconocido, al que todos juzgan por la imagen que transmite en los medios, pero pocos saben de sus desvelos por mantener la familia unida, sacarla a flote económica y emocionalmente. Me gusta porque siempre le ves venir. Es cierto que es vehemente, que no cuenta hasta diez, que es visceral...pero es auténtico y muy sano de sentimientos. Eso le hace grande, por lo menos antes mis ojos. Espero que los demás, detrás de un mal gesto a destiempo o una actuación equivocada, sepan descubrir a un hombre íntegro, honesto, vulnerable a veces y amigo leal siempre...
Ejerciendo de brillante presentador | Foto: Amalia Enríquez
El torero Francisco Rivera Ordoñez