Si hay algo en lo que coinciden la mayoría de los actores es que la magia de su profesión está en la versatilidad. La posibilidad de adentrarse en diferentes personalidades y personajes -en cada película- es lo que les motiva a seguir luchando en una profesión tan inestable, en la que tu cotización siempre es directamente proporcional a tu último trabajo. Si alguien tiene un talento versátil, ése es Fernando Tejero. Es un tipo normal. Y ahí está su grandeza. Con el poder que le da la humildad, ha conseguido “meterse a la gente en el bolsillo” en un tiempo record. Ni los premios, los halagos y las audiencias millonarias han “hinchado” su vanidad. ¿El secreto?..que sabe que todo esto es transitorio...
“Nadie sabe la cantidad de veces que me llego a preguntar “qué hago en esta jungla”. Y siempre llego a la misma conclusión: estoy viviendo todo aquello por lo que he luchado y con lo que he soñado. Soy un apasionado de mi profesión y no tengo remedio”..
con "los niños de sus ojos" | Foto: Fernando TejeroLe suele costar desconectar de la euforia en la que vive. No es masoquista, pero no aguanta mucho tiempo sin el stress que genera la adrenalina de su trabajo. La suya fue una vocación tardía. Lo dejó todo para estudiar Arte Dramático. “Sabía que me la jugaba, pero tenía una confianza interior en mí mismo, que sabía que me haría salir adelante. Mi familia no daba por mi “ni un duro”, mis amigos tampoco..pero algo en mi interior me decía que, algún día con total seguridad, viviría de esto. Fue muy duro decirlo en casa. Yo tenía casi treinta años cuando tomé esa decisión. Mis padres no lo aceptaron bien. Yo era el pequeño de los hijos y mis hermanos llegaron a reprocharme que dejaba a mis padres solos por cumplir un capricho. Todos los hermanos empezamos trabajando en la pescadería de mi padre. Cada uno, a medida que pasaban los años, se fueron buscando la vida y se marcharon. Yo era el único que seguía con ellos en Córdoba, el que discutía con mi padre, el que soportaba los problemas de la convivencia, porque no hay nada peor que trabajar con la familia: te tratan fatal, te pagan peor y luego tú eres el malo. Yo siempre había pensado antes en los demás que en mí, hasta el día que decidí tomar “las riendas” de mi vida e intentar ser actor”.
Nunca se ha arrepentido de ese acto de valentía, ni tampoco de haber dejado de dormir por lograr la versatilidad que implica su profesión. “Es la mejor decisión de mi vida, la que ha hecho posible –incluso- que conozca mejor a mi familia. A mi padre apenas de conocía. Yo nunca le había visto llorar y ahora, cada vez que habla de mí, llora. No sé si es porque siente que, en un momento, él no confió en mí y no me apoyó... o porque, de verdad, está orgulloso de su hijo. Mi mayor satisfacción es haberle demostrado a mi familia que lo mío no era un antojo, sino que era una vocación que no me habían dejado exteriorizar”.
Fernando Tejero | Foto: Fernando TejeroDice que todavía queda mucho de aquél chico de la pescadería en el triunfador que hoy es. Asegura que sigue siendo muy niño y que aún le quedan cosas en las que madurar. Los amigos de la infancia y sus raíces le hacen tener “los pies en la tierra”. Ya no queda el anonimato, que lo echa de menos, y tampoco una estabilidad sentimental, que le hace mucha falta. Lo que sí tiene es una fama que, desde su personaje del portero Emilio, en AQUÍ NO HAY QUIEN VIVA, no ha hecho más que crecer pero que, a su juicio, no le da ningún poder..
“A mí me crea mucha inseguridad y me hace estar muy perdido. Yo lo he llegado a pasar muy mal por la fama. El éxito me vino muy rápido, me invadió sin darme cuenta y me costó mucho controlarlo. Pasé de poder comprar el pan en la panadería con tranquilidad a pasar a ser el centro de todas las miradas. Fue difícil de asimilar. Me salvó el tener la cabeza “encima de los hombros” y pensar que todo esto es efímero. No soy nada vanidoso. Creo que voy a seguir trabajando en esto mucho tiempo, porque la pasión que pongo en todo lo que hago tiene que tener su recompensa. Sé que, por mucho éxito que llegue a alcanzar, nunca dejaré de ser el chico que llegó de Córdoba con treinta años, dispuesto a ser alguien en el difícil mundo de la interpretación. Si ya no he cambiado con todo lo que me ha pasado, nada me hará cambiar”..
Malena Alterio y Fernando Tejero | Foto: seestrena.comDetesta la mentira, la hipocresía, la mediocridad. Siempre ha sido muy confiado y se ha dado cuenta que, en esta profesión, hay que tener una gran dosis de cinismo. Eso le ha hecho desarrollar un sexto sentido para darse cuenta que, cuando te dan la “palmadita en el hombro”, hay quien lo hace de verdad y quién con envidia. “Así que, si alguien me viene con hipocresía, yo le doy hipocresía. Yo creo que, en la vida, a cada uno hay que darle lo que se merece y, por supuesto, que también te den a ti también lo que te mereces. Esas actitudes sí me hacen ser diferente. Soy un típo muy inseguro, muy quisquilloso, con muchos complejos y con mucha falta de autoestima. Soy un tío difícil ...incluso para la convivencia porque, cuando me enamoro, soy empalagoso, soy muy pesado, muy egoísta.. y me convierto en muy moro, me sale la parte cordobesa que tengo. Lo mío es mío y llego a agobiar”.
Lo mejor de todo este tiempo ha sido trabajar en lo que él quiere, saber que -pase lo que pase- sigue teniendo ahí a la misma gente que siempre le ha querido. El éxito no le ha hecho vanidoso y los halagos los acepta si nota que son de verdad. “El mejor me lo dijo Javier Bardem y todavía se me pone el vello de punta cuando lo recuerdo. Fue en el rodaje de LOS LUNES AL SOL. Era el primer día de grabación y yo quería “tirar la toalla”. Javier me agarró, me puso el brazo por encima del hombro y me dijo : ”tío, eres grande. A mi muy pocas personas me miran a los ojos interpretando y me transmiten lo que tú me has transmitido”. Me eché a llorar. Nunca volví a tener ganas de dejarlo todo. Fue una inyección de energía que aún hoy recuerdo con frecuencia. Eso me hizo sentirme muy grande”.
Premio al mejor actor en el festival de Málaga | Foto: agenciasCree que, a pesar de todo lo que lleva andado y la versatilidad de los diferentes personajes que ha interpretado, aún le queda mucho camino por andar. Cada día es un nuevo reto, cada personaje es una vuelta de tuerca que hará subir su cotización. En su trabajo, como en otras profesiones liberales, vales lo que marca tu último trabajo por eso Fernando tiene muy claro que su talento no tiene límite. “Todavía tengo mucho que dar, que enseñar, mucho que hablar y mucho que ofrecer. Queda Fernando Tejero para rato. Espero no ser nunca un “juguete roto” y ojalá que me muera en un escenario”…
Fernando Tejero,un talento sin límites..