No es bueno escribir desde el llanto, ni cuando se tiene el alma hecha trizas. Sin embargo, siento que es la terapia que necesita ahora mi ánimo. Cuando esta mañana me llaman para decirme que Belén se fue por la noche, en silencio, mientras estaba dormida, sentí el mismo latigazo que experimenté cuando ella me llamó para decirme que Carmen había fallecido. Es Cayetano Rivera quien me consuela y me recuerda que “ya descansa. Sabes que es lo que quería”. Tanto él como Francisco están reviviendo el dolor que, ocho años atrás, experimentaron con la falta de su madre.
Tras la muerte de Carmen,Belén sólo quería reunirse con ella.. | Foto: Amalia EnríquezBelén era “el patito feo”, como ella decía. “Carmen se llevó toda la belleza de casa, pero yo tengo más gracia para sacarme partido y taparme los defectos”, solía decirme a carcajadas y con su eterno cigarrillo entre los dedos. Su adicción al tabaco nos llevó a enzarzarnos en más de una discusión, sobre todo en los últimos tiempos cuando, a pesar de su enfisema pulmonar y de estar conectada a una bombona de oxígeno, no podía desengancharse de ese vicio.
"Le jardin de la Majorelle",el lugar marroquí en el que le gustaba perderse | Foto: Amalia EnríquezTeniendo todo lo aparentemente importante en la vida, fue una mujer feliz a ratos. Se casó muy joven con el torero Juan Carlos Beca Belmonte, del que se separó muy pronto. Conoció al hombre de su vida y padre de su hija Belén, Curro Ruíz, que falleció de cáncer. Volvió a enamorarse de otro torero, un sudamericano al que no quiero recordar y que la maltrató hasta que consiguió “desatarse de sus garras”. Pasó por la dura prueba de un difícil cáncer que superó y, cuando empezaba a retomar las riendas de su vida, pasa por el trance de enterrar a su única hermana. Sin sus padres y sin ella, Belén se refugió en su hija y sus tres sobrinos, Francisco, Cayetano y Julián.
La petite Mamounia,su otra casa.. | Foto: Amalia EnríquezDesde la muerte de Carmen no dejaba de repetir que quería irse con ella. No es que propiciara este final para reunirse “donde esté”, pero tampoco puso mucho de su parte para recobrar la salud perdida. En este momento, en el que tengo la certeza de que descansa donde y con quien ella quería, se agolpan los recuerdos y las emociones de los muchos momentos vividos. Guardarlos en los compartimentos de mi memoria hará que nunca deje de sentirla cerca. No dejo de repetirmelo cuando alguien se va: uno muere de verdad cuando dejas de recordarlo. Eso, con ella, sé que no pasará..
En los años de Marrakech.Sin ellas,sólo queda el recuerdo..